viernes, 10 de agosto de 2007

Literatura en Puno

¿Podrá el orden literario de Puno literaturizar el inmenso movimiento de un pueblo, un idioma, una raza y una cultura?

¿Sobre qué tratan los escritores puneños contemporáneos? Podríamos decir que len los últimos años la literatura puneña se ha beneficiado de la demografía, pero hasta donde alcanzan nuestras lecturas no ha habido un movimiento o una obra que haya sido capaz de percutar el lenguaje, la conciencia literaria o las palabras del nativo de esta región.
De este modo se ha profundizado un periodo de distanciamiento entre la literatura y la escasa comunidad de lectores. Probablemente una de las causas sea el hecho de que los literatos, como grupo social e institución, no están al día. Esta constatación no es nueva y la deben sufrir los propios oficiantes de la literatura cuando últimamente se quejan cada vez en voz alta de su aislamiento social. Sin embargo lo más resaltante es que los escritores hayan olvidado totalmente sus responsabilidades sociales e incluso sus responsabilidades con el lenguaje.
Y eso que ha sido en nuestra región, en las primeras décadas del siglo pasado, donde por primera vez se les ocurre a los escritores peruanos, confrontar a la sociedad desde una perspectiva de clase, si bien en su mayoría eran liberales que enfrentaban un orden establecido paradigmático a otro orden establecido en falla o en falta, pero que no avanzan más, no obstante que a su alrededor se producían una serie de fenómenos sociales como inmensas sublevaciones campesinas y se inicia la lucha obrera.
Hoy sin embargo, basta con mirar los últimos libros publicados tanto en narrativa como en poesía para darnos cuenta que nuestros literatos no se percatan de los fenómenos culturales más importantes del siglo. ¿Podrá el orden literario de Puno literaturizar el inmenso movimiento de un pueblo, un idioma, una raza y una cultura como el de Ilave?
¿Donde está el literato que sabe de los desempleados, de los vagos y vicios? ¿Quién es capaz de atrapar al personaje que sólo le interesa el alcohol y el papeo, el que se arrastra por los caminos donde no existe alcantarillado, y las aguas servidas son parte del paisaje de pueblo joven, donde en el invierno, el barro y las goteras hacen insoportable la vivencia, y los ratones y sapos son como animales domésticos, donde los baños se construyen sobre un pozo ciego, sólo el hueco, la ducha y el lavamos son un sueño y la mierda se va acumulando de a poco?
¿Donde se encuentra el escritor que aprecia la vida por el sufrimiento de su pueblo castigado de pobreza y humillación y como todo grande, nunca piensa en figurar en revistas publicando candorosas metáforas de retórica metafísica aunque mencione cerritos, balsitas y mendigos impersonales?
Pero lo más grave es su responsabilidad social como escritores. Lo más grave queda para nosotros los escasos lectores. Porque ¿de donde sacaremos la imagen misma de la verdadera dignidad que nos golpea cada vez que leemos a Gelman o Benedetti? En estas condiciones ni siquiera seremos capaces de convalidar la democracia, la pluralidad y apertura, la tolerancia y la pluriculturalidad y sobre todo la paz que nos exigen nuestros literatos puneños. Paz no les prometemos, todo lo contrario...

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