miércoles, 8 de agosto de 2007

Entrevista a José Luis Ayala

Por Gabriel Apaza

Es conocida la posición de muchos intelectuales que mantienen una posición cómoda frente a la literatura oficial, incluso de los que se supone, cuestionan el orden, se da énfasis excesivo al carácter pluriétnico y pluricultural de la sociedad peruana y consecuentemente de su producción literaria y con este bonito discurso, olvidan que nuestro país es fundamentalmente clasista. Dividido en clases sociales antagónicas. ¿Cómo emparentan un discurso andino que aparentemente no va más allá de la teoría, con un discurso contestatario de carácter social necesario para cambiar las estructuras sociales y económicas del país, del cual son producto los elementos superestructurales como la literatura?

Existen teorías que están de moda para acercarse a la literatura: la deconstrucción, el postestructuralismo, las aproximaciones lacanianas, etc. ¿Esas teorías obedecen a la “evolución” de la literatura; es decir, son producto de la nueva literatura que se estaría produciendo o es, más bien, producto de la sociedad neoliberal, excluyente y dogmático que no busca otra cosa que legitimar el discurso literario que le es afín?

Yo quiero empezar diciendo de que este largo proceso se inicia con un libro de Francis Fukuyama que se llama el Fin de las ideologías. Luego hay un impulso de las ciencias sociales: la sociología, la antropología de la cultura oficial para despersonalizar. Luego hay un proyecto para desideologizar y luego hay un proyecto para convencer de que la literatura y las ciencias sociales deben estar al servicio de la cultura dominante. Especialmente los críticos literarios, por falta de identidad y evidentemente por una actitud de ubicación consciente han comenzado a utilizar esquemas ajenos, esquemas fáciles de leer, pero que aplicando este instrumento de análisis a la realidad nacional, especialmente a la literatura andina, no tiene sentido. Por eso creo que la crítica literaria tiene que crear sus propios aparatos, por eso creo que la eclosión y la vigencia de las revistas que ustedes tienen contribuyen muchísimo más que cualquier crítica lacaniana. Yo en Lima tengo una posición clara, ahí yo no tengo ninguna posibilidad de equivocarme. Se está realizando un proceso de ataque, de despersonalización a la cultura andina. No ha faltado quien diga, por ejemplo, que Ama Llulla, Ama Q’ella, Ama Sua, es una creación del Virrey Toledo. Estamos en ese escándalo mayúsculo. Anteriormente se dijo que los extraterrestres habían construido Machupicchu. Pero el último escándalo que ya no se puede callar es el ataque de Vargas Llosa a José María Arguedas. Hasta ahora no se ha publicado ningún libro de respuesta, salvo Rodrigo Montoya. Todavía ese libro está en actitud de desafío, todavía no hay una respuesta. Entonces, más que cómo se está implementando la cultura dominante, lo que a mí me preocupa es: cuál es la respuesta frente a esa agresión a la cultura andina.

A propósito de respuestas, es conocida la posición que Ud. Mantiene frente a la literatura oficial, pero me preocupan algunos aspectos: de parte de los que se supone, cuestionan el orden, se da énfasis excesivamente al carácter pluriétnico y pluricultural de la sociedad peruana y consecuentemente de su producción literaria y con este bonito discurso, olvidamos que nuestro país es fundamentalmente clasista. Dividido en clases sociales antagónicas y con profundas discrepancias. ¿Cómo emparentamos un discurso andino que aparentemente no va más allá de la teoría, con un discurso contestatario de carácter social, que es necesario para cambiar las estructuras sociales y económicas del país, del cual son producto los elementos superestructurales como la literatura?

Yo tengo, como tú has dicho un discurso ya definido y maduro que ya no voy a repetir. Sin embargo, creo sigue siendo vigente la necesidad de una relectura de la realidad nacional, sigue siendo vigente encontrar las respuestas a las tres preguntas básicas: qué hemos sido, qué somos, qué queremos ser. El discurso ideológico que yo tengo no solamente pasa por la cultura andina, es fundamentalmente un discurso social. Quiero decir que yo no me olvido de las clases sociales, yo no me olvido de la marginación y no me olvido de la explotación terrible que hay en el Perú. De eso soy absolutamente consciente, pero de lo que sí estoy absolutamente de acuerdo es en la necesidad de que el discurso ideológico sobre la cultura andina no se olvida de las clases sociales, totalmente de acuerdo. Sin embargo, no es posible en este momento teorizar la respecto porque creo que las universidades, los intelectuales, los escritores no hemos tenido la suficiente capacidad para dar una respuesta por ese lado. En eso soy consciente, pero no asumo una autocrítica porque he tratado de contribuir.

¿No será que esa limitación se explica un poco porque intelectuales como usted se han detenido en teóricos culturales y están olvidando ideologías políticas y críticas concretamente de carácter contestatario y están olvidando programas de acción de lucha política?

Bueno, en mi caso no. Yo soy absolutamente consciente de que yo no olvido mi extracción de clase. Yo no he perdido la perspectiva social en conflicto permanente...

¿Entonces, la estrategia política que usted desarrolla personalmente cuál es?

Yo he escrito un libro sobre la política cultural. Seguramente tú conoces...

Sí, son lineamientos, son sugerencias que de algún modo podrían consolidar este sistema de democracia representativa que estamos viviendo. No cuestiona el orden establecido, cuestiona formalidades. Yo creo que en esto no me estoy equivocando, lo he leído detenidamente. Presenta propuestas muy atrevidas, que probablemente nunca las lleven a cabo las clases poderosas y gobernantes, pero no buscan acabar con las estructuras de una sociedad.

Yo tengo una posición bien clara. Para mí las grandes mayorías, que son quechuas y aymaras, tienen que manejar el poder. Yo propongo e impulso, a través de un último libro que se llama Cultura y Literatura Aymara, una propuesta política muy clara; mi propuesta en el libro es y sigue siendo vigente de que los quechuas y los aymaras tienen que necesariamente politizarse y ellos son los que tienen que llegar al poder. Esa es mi propuesta. Es una propuesta cultural, pero también es una propuesta política.

Pero, porqué divorciarlo de una experiencia que sigue siendo válida, desde el punto de vista histórico, cual es el materialismo dialéctico, opción que muy bien podría asociarse con el pensamiento andino como lo trató de hacer en su momento Flores Galindo.

Yo no tengo absolutamente de qué renegar de mi posición de izquierda. Eso es absolutamente claro. Yo vengo de una vertiente de la izquierda peruana muy decantada, es una izquierda que siempre ha planteado la necesidad de una transformación del país, en eso yo no soy un escritor light, no soy un converso.

Yo le decía por qué no relacionar el discurso andino con el discurso marxista propiamente.

En ese sentido tienes razón, yo no he trabajado en ese asunto, ese es un terreno que yo no he tocado. Porque yo me he ocupado en ser un escritor antes que un ideólogo. Ahora, yo estoy absolutamente convencido que como decía Lenin: sólo el movimiento hace al órgano, y sólo el movimiento será capaz de producir los líderes. Pero, para que esos líderes se den, habrá que teorizar, y para teorizar hay que leer. Creo que la ideologización del movimiento andino tienen que recuperar todas las vertientes de la cultura occidental y las vertientes de la cultura andina para amalgamar un solo proceso que creo está en proceso de germinación. El discurso que tú planteas todavía no está terminado, es un discurso que se inicia, me parece muy bien iniciar un debate de esta naturaleza.

Sí pues, porque ahora la historia nos está viendo a los escritores como seres socialmente irresponsables, alejados de nuestra realidad, complacientes con las clases poderosas, de quienes recibimos con sumo agrado medallas, diplomas y becas y somos incapaces de manifestarnos contra problemas que tocan a la mayoría de nuestros congéneres. Es probablemente un viejo discurso pero patentizado por la realidad.

Es verdad. Yo creo que la crítica especialmente hispano-criolla trata de presentarnos ante la sociedad como personas parasitarias. Sin embargo, la gran respuesta de los escritores está en la necesidad de que cada quien, desde su propia consciencia con un sentido de clase social y con valores andinos y con una clara posición política defina, intervenga y hable. Creo que el antiguo y nuevo compromiso es que la literatura necesariamente tienen que contribuir a la transformación de la realidad. Los escritores tienen que contribuir a la formación de una ideología revolucionaria, los escritores tienen la responsabilidad histórica y generacional de contribuir para que los quechuas, shipibos, aymaras tengan una ideología propia. Como somos la gran mayoría tenemos que gobernar al Perú sin olvidarnos de las minorías, tanto afroperuanos como también a los criollos o los mestizos, yo no planteo una ideología discriminante.

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