¿Izquierda o derecha?
Por Gabriel Apaza
La política es el conjunto de actitudes teórico-prácticas, mediante las cuales las clases sociales expresan sus intereses -particularmente económicos- frente a sí y especialmente frente al Estado.
Las actitudes teóricas son: los programas las ideologías, etc. Las actitudes prácticas van desde las reivindicaciones económicas, a través de huelgas, paros, movilizaciones, etc, hasta las formas superiores de las luchas revolucionarias, revoluciones proletarias en los países capitalistas y guerras populares en los países semifeudales, semicoloniales o neocoloniales.
Las actitudes teórico-prácticas de cada clase social (las clases sociales son grupos humanos que se configuran como tales: 1) por el papel que cumplen en el proceso de producción: manual e intelectual, ciudad o campo, industria o agricultura; 2) por las relaciones de propiedad frente a los medios de producción: dueños de los instrumentos y “dueños” de nada -salvo su fuerza de trabajo-; 3) por la parte que perciben en la distribución: los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres), se concretan a través de ideologías -en el plano espiritual- y de partidos -en el plano material- que reflejan e proceso de lucha de clases en cada sociedad determinada.
La política es la objetivación, es la tangibilización, es la materialización de los intereses económicos de las clases sociales en pugna.
En el mundo antiguo, particularmente en la sociedad esclavista griega, la clase dominante tuvo plena lucidez de sus intereses económicos al arrogarse ella sola todos los “derechos humanos”. La política, en cuanto forma de la conciencia social, en cuanto ideología, en cuanto teoría, fue patrimonio exclusivo de la clase esclavista de los amos griegos, la que utilizó para consolidar su poder estatal, defensa filosófica asumida, v.gr. por Sócrates, Platón, Aristóteles.
La clase de los esclavos en la polis griegas, careciendo de todos los derechos humanos, no pudo llegar a expresar nítidamente sus intereses materiales; la respuesta de los esclavos -a nivel mundial-, si bien es cierto que no podía elevarse al nivel ideológico, logró -como tenía que ocurrir- plasmar su rechazo a sus miserables condiciones de existencia por medio de las sublevaciones de éstos, a través de la lucha de clases entre los esclavos y sus amos.
En la sociedad feudal europea, la clase parasitaria de los señores feudales cristianos tuvo como compañera y líder de la explotación a la iglesia cristiana católica; esta institución que cumplió -y cumple según sus apologistas- fines eminentemente espirituales, tuvo una función ideológica muy definida que consistió en elaborar por medio de sus teólogos filósofos (Agustin de Hipona, Tomas de Aquino), la teorización política que iba y va a servir de santificación y sacralización del orden instituido, que se constituye y configura como la apología más farisaica, hipócrita, falaz, mezquina, sadomasoquista, etc., de la explotación del hombre por el hombre.
La clase de los siervos, debido a la función que desempeñó en el proceso de producción feudal y al propósito deliberado tanto de los señores feudales como -muy especialmente- de la iglesia cristiana, no pudo lograr elevarse al nivel teórico-político para cuestionar su difícil situación económica; sólo expresó sus “intereses” materiales, mediante las terribles y atroces sublevaciones de campesinos, que generalmente se revestían de ropajes religiosos.
La sociedad capitalista europea surge sobre los escombros de la sociedad feudal, en el contexto general de que la violencia es la partera de la historia.
La clase burguesa de Europa Occidental (en particular en Inglaterra, Francia, Alemania, etc.) logra su preeminencia paulatinamente, luchando arduamente, por espacio de cerca de cuatro siglos contra la clase feudal, v.gr. las revoluciones burguesas en Holanda, Inglaterra y Francia, en los siglos XVI, XVII y XVIII. La burguesía, al igual que las clases explotadoras que la precedieron -los amos esclavistas y los señores feudales cristianos- tuvo la suficiente conciencia política como para elaborar ideologías políticas que expresaron sus intereses económicos y que filósofos justificaron la apología del sistema, v.gr. Leibniz, Kant, Hegel.
El proletariado a diferencia de las clases expoliadas que lo antecedieron -los esclavos y los siervos- no sólo expresó sus intereses económicos por medio de la praxis política -desde la huelga hasta la revolución- de la lucha de clases, sino que además logró la conciencia política necesaria como para poder liquidar el sistema de opresión de una clase por otra. El proletariado pudo asumir - en alrededor de treinta países de Europa, Asia, Africa y América Latina- esta lucidez política gracias a sus maestros: Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-Tung, puesto que antes de ellos los ideólogos políticos del proletariado sólo lograron estructurar ideologías utópicas (Moro, Campanella, Winstanley, Meslier, Malbly, Babeuf, Godwin, Saint Simon, Cabet, Dezamy, Gall, Blanqui, Bray, Piscane. Owen, Fourier y otros).
En los últimos veinte años la situación política mundial se caracteriza porque la superpotencia norteamericana trata de apropiarse de continentes y océanos para explotarla en favor de sus intereses. La contradicción principal existente hoy en el mundo es entre los países imperialistas y los sectores esclarecidos de los países semifeudales, semicoloniales o neocoloniales.
Los partidos políticos existentes al interior del sistema capitalista mundial se dividen generalmente en partidos de derecha (defienden el sistema de explotación y la propiedad privada sobre los medios de producción) y los partidos de izquierda (están en contra del orden instituido y de la propiedad privada sobre los medios de producción).
En el Perú, país semifeudal y semicolonial (o neocolonial) los partidos de derecha son: PPC, APRA y Acción Popular y sus subdivisiones v.gr. Fujimorismo, Perú Posible, Caudillos enriquecidos, etc.
El PPC se fundamenta en la doctrina social de la Iglesia de extrema derecha. Acción Popular y sus subdivisiones v.gr. Fujimorismo, Perú Posible, Caudillos enriquecidos, etc., carecen de ideología, se basa en slogans, de naturaleza pronortemaericana, en sus gestiones llevaron adelante el genocidio en los Andes peruanos a partir de 1980, destruyeron las 160 empresas de capitalismo de Estado (la mayoría creadas por Velasco), extrajerizaron la casi totalidad de las empresas estatales, redujeron las tasas tributarias a las transnacionales, eliminaron los subsidios, aperturaron el mercado a toda clase de importaciones, quebraron las industria “nacional” y profundizaron la corrupción institucionalizada del aparato estatal.
El APRA, basada en el floklórico espacio-tiempo-histórico, medio siglo sirvió a la oligarquía, los terratenientes y el imperialismo. En 1939 apoyó a M. Prado U.; en 1956 volvió a apoyar a Prado; en 1963 se unió con el ex-dictador, ladrón y vendepatria de M. Odría A.; entre 1968-1980 apoyó la dictadura militar. Y a partir de 1985 crea una ilusión pequeño burguesa con poses reformistas en que apoya sin límites a la “burguesía burocrática-intermediaria”, limitada por parámetros de clase, ideológicos y otros.
La izquierda se divide en una izquierda electorera, reformista, arribista, “aliada” al Apra, defensora de la “democracia burguesa”, mercenerizada por un suculento plato de lentejas (parlamentarios, alcaldes, etc.). Fueron la Izquierda Unida (alianza de prosoviéticos -P.C. Unidad, Focep, Mir, Psr- y de neotrotskistas -Pum, V.r., P.c.r., Mir, Unir-Patria roja, todos controlados por el socialimperialismo soviético). Algunos de esos “partidos” actualmente sobreviven gracias a la subvención del Estado, exactamente Patria Roja que recibe del Gobierno la Derrama Magisterial y ahora usufructuará del Colegio de Profesores.
La otra izquierda no cree en las elecciones, no se crea ilusiones en la democracia burguesa; postula la lucha armada, la revolución. Está representado por el P.C. del P P.M..L.M. Sendero luminoso -en franca desarticulación- y el P.C. del P. M..L.M. Pukallacta -con serias dificultades para su reconstrucción-.
Así nomás es la política nacional. El “Nacionalismo” tan de moda no es sino una reactualización del reformismo velasquista. Más claro ni el agua.
miércoles, 8 de agosto de 2007
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